Los cartuchos de tinta desatan la guerra

Los cartuchos de tinta son un campo de batalla donde se juega mucho dinero. Desde que empezamos a imprimir, los consumidores hemos estado librando una guerra con los fabricantes de impresoras. Las empresas tecnológicas han utilizado un modelo de negocio tipo Gillete; vender barato la maquinilla de afeitar. Como el cliente solo puede utilizar el recambio del fabricante, este consigue que pague más a lo largo del tiempo. Le mete la mano en el bolsillo al cliente-prisionero cada vez que necesite un cabezal.

Nuevas reglas de tinta

Así, nos encontramos situaciones absurdas, como es el que cuesta menos la impresora que la tinta que viene con ella. Y, con el tiempo, los fabricantes han apretado más las tuercas, disminuyendo la cantidad de tinta que se puede aprovechar del cartucho.
Los consumidores contraatacan recurriendo a cartuchos compatibles o a empresas que les rellenen sus cartuchos originales.
Ahora esta guerra está a punto de cambiar. Del bando de los fabricantes hay uno que se dirige al terreno de batalla con una nueva arma. Se trata de Epson con su gama de impresoras EcoTank.

Dedos tintados

Las primeras impresoras que empezamos a utilizar en los hogares eran de agujas. Las agujas situadas en un cabezal móvil impactaban en el papel a través de una tela impregnada en tinta. La tinta se transfería desde la cinta al papel. Aprendimos a prolongar la vida de aquel tejido impregnándolo con unas gotas de tinta para sellos de caucho.
Después llegaron las impresoras de inyección de tinta y de nuevo nos las ingeniamos para recargar los cartuchos con tinta para impresoras que comprábamos en envases. Sacábamos la tinta del bote con una jeringuilla y, con la paciencia y precisión de un médico de pueblo, la inyectábamos en el cartucho. El resultado final es que siempre acabábamos con los dedos tintados y los trapos de cocina inservibles.

Para los que no querían pringarse las manos o peregrinar a la tienda de informática cada dos semanas, estaban las impresoras láser. Pero eran mucho más caras.

El nuevo campo de Epson

Hace poco Epson sacó la nueva línea de impresoras: las «EcoTank». En ellas los cartuchos van conectados a depósitos de tinta situados en el exterior de la impresora. Los usuarios pueden rellenar los depósitos. Al no tener que cambiar los cartuchos, los costes son más asequibles. Pero tienen un inconveniente para el padre de la criatura. La máquina no se rentabiliza a través de cartuchos desechables. El fabricante tiene que cobrar lo que vale la máquina. Y es mucho más de lo que cuesta una impresora de tinta normal para uso domestico. Las más baratas superan los 240 euros (frente a los 50 euros de una tradicional).

No es tinta para todos

El bajo coste por copia de una impresora “EcoTank” puede hacerlas adecuadas para consumidores con grandes volúmenes de impresión. El que apenas imprime un par de folios por semana no estará de acuerdo en vaciar su billetera cuando compre la impresora. Sencillamente no la puede rentabilizar.
Por eso los cartuchos de tinta todavía seguirán con nosotros algún tiempo. Nadie da euros a 99 céntimos.